Me siento melancólico.
Amo los días nublados...
¿Podrías parar, Señor?
¿Podrías detener el sol por mí, Señor?
Creo que éste año voy a desear morirme mas que otros años
Mi mente me abruma...
¿Dónde estás señor?
Siento miedo...
Tengo lágrimas en los ojos...
Mi cara se arruga...
La soledad no es para los débiles...
me ha debilitado..
Huelo a lluvia...
¿Es una tormenta?
¿Cuántas lunas sin compartir?
¿Cuantas risas apagadas?
¿Estás ahí? ¿Me escuchas?
Estoy solo...
Cuando el ferrocarril pasó lleno de tanques y bazukas...
sentí el miedo.
La tierra se cimbra, se abre para recibir un cadáver...
el mar desfoga su furia mitológica contra los peñascos...
Y los marineros preparan las municiones, están apuntando contra la costa...
un misil hermoso cruzó la coordenada, Adiós orfanato...
La plaza esta inundada de sangre y cuervos...
Para Señor...
detén éste vértigo...
mi alma esta revuelta...
me diste una vida ciega.
No sé a donde ir.
No puedo dormir...
No sé dormir...
Me duele recordar...
Todos me olvidan.
Me voy a volver un fantasma...
voy a correr hacia la noche...
donde nadie me espera.
Veo la vida desaparecer tras las esquinas.
No puedo ver mas allá...
Los edificions me impiden vivir
Me voy a nublar...
*
Estoy melancólico...
Dios...
¿Por qué te callaste?
Antes hablabas conmigo...
¿lo recuerdas?
Me decías: Late... vive...
Esta es la noche...
Es un día nublado.
Para unirme a ti necesito desaparecer...
Sí solo fuera valiente.
Estoy ciego...
La sed me abre la garganta.
y ¿mi ángel de la guarda?
Dejarás que una bala me atraviese...
debo estar en la agonía total...
para acercarse a Dios debo sufrir.
para alejarme, llenarme de placer.
Estoy melancólico...
¿Quién leerá esto?
¿Voy a alguna parte?
de todos modos me esfumaré.
Y el Señor calló...
Él era espeluznante, abrumaba... interminable como el desierto, tempestuoso como el mar...
abrió los ojos:
Dios perdóname...
He estado ebrio, vacío. Todavía siento la sed de la carne...
la cabeza me va a estallar de confusión.
La noche se acerca y yo no tendré mas consuelo que tu presencia silenciosa...
y el dolor de la vida.
Damián Mictlantecuhtli
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